viernes, 7 de enero de 2011

DEPURAR-SE

Ya han pasado los momentos de comidas, fiestas, encuentros, compras, de…prácticamente todo aquello que minimizamos durante el transcurso del año. Me detengo y hago balance sobre lo “comido y vivido” intensamente en tan corto periodo de tiempo exprimido. El “espejo” será el fiel testigo que nos señale los kilos de más. Seremos leales, como cada año, e intentaremos cumplir la “típica” promesa: una dieta para volver al lugar de donde se partió. Comenzar un régimen depurativo que nos ayude a eliminar las impurezas que se han acumulado en nuestro cuerpo. Ingerir mucha “fruta y verdura”, aliadas perfectas para perder “toxinas”, esa es la línea que se debería seguir.
Y…me pregunto: “¿cómo nos DEPURAMOS de la ingesta de los “alimentos” que nos han “intoxicado el alma? La hipocresía, (el más consumido), es el alimento con el que tratamos y somos tratados en estas fechas pasadas. Saludar a quienes no hacemos durante el año, sentarnos al lado del que no “tragamos”, de mirar al otro sin querer verlo, y así un sin fin de “alimentos”, que han engordado los sentimientos negativos.
¿Será igual de efectiva la ingesta de frutas y verduras?
¿Qué deberemos consumir para “depurar” el alma pasadas estas fechas cargada de alimentos ricos en grasas y azúcares?

martes, 21 de diciembre de 2010

NUEVAMENTE…LLEGÓ NAVIDAD

El cielo de Diciembre se ha posado sobre nuestra cabeza, en él, anida como es costumbre: La Navidad.
Una vez más, el mes de la ilusión nos invade para traer recuerdos, proyectos e incluso la posibilidad de creer transformar la más difícil de las quimeras.
El calendario arrastra en sí, el final de un año que se va cargado con toda la esperanza puesta en aquel último mes del pasado 2009, donde le pedíamos al 2010, un cambio. Nuevamente reconducimos nuestros sentimientos exponiéndolos sobre la mesa de este presente diciembre, suplicando algunos, el mismo deseo que años anteriores y aquellos que han visto hecho su sueño realidad, se precipitan en solicitar” uno nuevo, siempre invitados por el optimismo.
Miles de bombillas volverán a iluminar las calles, los escaparates alumbrados harán de “parada” para muchos buscadores de regalos. El humo de las castañas asadas penetrará por nuestros orificios, respirando así, un clima muy diferente al del resto de los meses. Los niños, “tirados” hasta altas horas de la noche con sus típicos juegos de dinamita quemada, conseguirán que inhalemos una fragancia que nos invite al optimismo.
La esperanza que conlleva la llegada de un nuevo año, trae consigo hasta para el más escéptico, la credibilidad de que todo será especial, deseable y sobre todo, “diferente”.
Si la navidad tiene una carga muy positiva y nos invita a vivir de forma diferente (aunque sea por unos días), a veces y para muchos arrastra un “peso” enorme. La nostalgia hace de sombra en estos días para quienes “padecen” ausencias. Hace poco, llegó a mis manos a modo de texto, la historia de una joven que no podía vivir con alegría la navidad, debido al vacío que provocaban aquellos que ya no estaban entre ella. Sentir añoranza por aquellos a los que queremos y no están es habitual, pero tenemos que alegrarnos por aquellos que nos rodean y disfrutarlos, porque quizá no habrá un mañana.
Esta navidad es la segunda que vivo con una ausencia notable, no sólo para mí, sino para mi hija y su mamá. Cuesta aceptar (creo que nunca lo podré hacer, pero lo intento) que ya no esté entre nosotros. Cuesta vivir la realidad con los ojos abiertos, enfrentarnos a una verdad incómoda pero como había leído en aquellas hojas, tenemos que aferrarnos a los que nos acompañan, disfrutarlos y exprimirlos.
Momento de “empaquetar” un año más, de desenvolver la ilusión y la esperanza de que el próximo 2011 “sea mejor”, 365 venideros días para que nuestros deseos se cumplan.
Esperando que así sea, les deseo a todos unas felices fiestas.

jueves, 2 de diciembre de 2010

EL ELEFANTE HUMANO

Los elefantes, como los seres humanos, son los animales terrestres más “grandes” del planeta, y cuando hablo de grandeza no me refiero únicamente al tamaño, son exclusivos en su especie. Su vida, en los tiempos que corren está marcada por una conflictiva convivencia con nosotros: “¿los seres racionales?”
Este animal siempre me ha llamado la atención, por su gran dimensión y sobre todo, por su trompa; brazos, manos, nariz y boca se convierten en un solo miembro. Cincuenta mil músculos que hacen de “mano” para estirar matas de hierba, arrancar la corteza de un árbol o llevarse la comida a la boca. Ese “brazo” vigoroso, es también capaz de levantar a “una cría encallada en el barro”. No hace mucho, vi un documental donde la fuerza de la trompa de un elefante, salvaba a una persona que había quedado atrapada en arenas movedizas.
Curioso, el animal salvaba a quien a veces paga para disfrutar viéndole “gritar”. Esa gran extensión de su cuerpo, no sólo es prensil y táctil, ya que con ella el elefante respira, huele, bebe, se ducha y manifiesta su excitación sexual…en definitiva, siente.
Viven en familias estrechamente vinculadas y como el ser humano, necesita de los demás para desarrollarse. Forma agrupaciones de varios centenares de individuos y el grupo unitario típico es el matriarcal. Se compone de la gran hembra dominante y como normal general, en el hogar, la madre es el pilar más considerable, y no digo con ello, que la figura patriarcal no sea de vital importancia, en mi caso, mi padre tiene una gran trascendencia, me baso, en el día a día de nuestras madres. Levantar a sus hijos de la cama, desayuno, la casa, el almuerzo y para las que la suerte hoy les acompaña, trabajo.
Con frecuencia, uno de estos grupos familiares entabla una estrecha relación con otra unidad familiar, formando un “grupo de vínculo” y así, construyen grandes familias. Una similitud increíble a la del ser humano, con un matiz muy importante, a veces la convivencia es de una desigualdad considerable. A las personas nos cuesta aceptar ciertos patrones.
Algo que llama y mucho mi atención, es la reacción del elefante que ha perdido a un familiar, bien a consecuencia de la “caza furtiva” o bien porque la muerte ha tocado en su puerta, porque decide vivir en soledad durante décadas, en lugar de formar un nuevo grupo social, viviendo así, su particular “luto”. La pérdida de un ser querido puede hondarnos en la depresión más insondable y hacer que nos cueste ver la luz al final del túnel. Se puede vivir con el dolor, ir haciéndole hueco en nuestro día a día pero no con la ausencia. Supongo que estarás conmigo, en que todos somos insustituibles.
Poseedores de una gran memoria, estos animales consiguen atraer mi interés una vez más, porque tras la muerte de uno de los miembros, y después de haber dejado su cadáver, la manada regresa al lugar donde se encuentran los restos viviendo así, su particular “uno de noviembre”.
Al llegar al lugar donde están los huesos, los tocan y los palpan, después se detienen frente a ellos, el grupo muestra mucha tensión y un silencio mayúsculo se apodera de todos ellos, permaneciendo al lado de los restos durante un rato. Esto significa que los elefantes son capaces de reconocer los cadáveres de sus congéneres y que podrían tener incluso un culto a la muerte.
¿Qué mayor similitud puede engranarnos con ellos?
De esta forma se evidencia que la “línea marcada” por el ser humano entre los animales y él mismo, es mucho más pequeña de lo que cree, “si es que ésta existe”.

sábado, 20 de noviembre de 2010

SUBESTIMAR

No podemos subestimar las cosas por su aspecto externo. El interior de cada "pequeño" envoltorio puede contener todo un "mundo".

miércoles, 3 de noviembre de 2010

REMOLCAR A QUIENES NOS AYUDAN

Paseaba con mi fiel compañera, la “sombra”, (según Freud, ésta es uno de los arquetipos principales de lo inconsciente colectivo según la psicología analítica), por una de las calles de mi ciudad (Telde), cuando por sorpresa, dos luces naranjas se filtraban por mis retinas. En un acto reflejo, mi cabeza se giró para que mis ojos contemplaran cómo una grúa enganchaba a otra. Normalmente estos remolques están para “arrastrar” a otros coches averiados, pero me llamó la atención que aquel vehículo con “gancho”, estuviera siendo remolcado. Inmediatamente me vino a la cabeza las personas que siempre están “tirando” de los demás y que un día, ellos también serán transportados, bien porque lo necesitan o bien porque tienen derecho a sentirlo aún sin pedirlo.
Un claro ejemplo: nuestros padres. Hoy voy a hacer hincapié en el nombre de todas nuestras madres, no quiero olvidarme de mi buen padre, ni del tuyo, pero hoy quiero hacer un humilde homenaje a nuestras madres, en especial a la mía.
Recuerdo, cada día, cuando nos levantaba de la cama para vestirnos con los ojos “legañosos” y llevarnos camino a la mesa, allí esperaba el desayuno ya servido y caliente. Una vez uniformados y peinados, íbamos “arrastrados” de su mano hasta la puerta del colegio, lugar de partida, desde donde se iba a casa otra vez, con aquel beso sabor a prisa, para irme junto a mis compañeros a jugar antes de que sonara la sirena.
Ella volvía a nuestro hogar, a “recolocar” el desorden diario ocasionado por nuestro “andar por casa”. La comida, siempre hecha para la vuelta. Con aspecto cansado y actitud incansable, servía a todos e incluso a algún primo que siempre se “colaba” para almorzar junto a nosotros. Podría seguir enumerando miles de sus actos, acciones que me recuerdan a esa grúa que engancha a los coches que se quedan “tirados” y deben ser reclutados para lograr darles “vida”.
Así fue, es y será (deseo que por muchos años) mi buena madre. Nada que reprocharle. ¿Quién puede recriminarle algo a alguien que lo ha dado todo? Mi buena amiga Carmen Albelo, (un ser sin precedentes) siempre me dice que quien da lo que tiene, no está obligado a dar más. Pienso que cuando uno realiza aquello que ama ya obtiene su remuneración al hacerlo y quien ama lo que hace se siente feliz al margen de la recompensa. Quizás es por ello, que creemos que no necesitan oír lo que despiertan en nosotros, jamás le decimos a nuestros “remolques” cuanto les queremos o lo bien que lo hacen, hoy, estoy a tiempo y me atrevo a hacerlo con esta modesta “ofrenda”, a mi querida madre.
“Gracias Mamá… por calmar mi sed, aún cuando no había agua”.

jueves, 28 de octubre de 2010

LIBERTAD PARA SER

Escuché decir al Dalai Lama que la verdadera religión tendría que liberarnos, quitarnos miedos y no esclavizarnos.
Estoy totalmente de acuerdo con el Nobel de la Paz de 1989 y agrego: "no sólo debería ser la religión, sino quien tiene un poder de convicción descomunal sobre nosotros": “la sociedad”.
La libertad… ¿un premio? ¿una victoria? ¿un derecho? ¿una manera de vivir?
En el mundo en que vivimos, para mí…una virtud. Una virtud porque engloba la tranquilidad de hacer lo que deseas si eres capaz de apartar los miedos, si ahuyentas las pesadillas que atrapan tus sueños.
Decía Oscar Wilde que “la mejor manera de librarse de la tentación era cayendo en ella.
Somos libres de hacer lo que queramos… cantar, llorar, correr, soñar, reír…no sólo PODEMOS sino DEBEMOS hacerlo, de la manera como nos sintamos bien con nosotros mismos será la mejor manera de vivir.
Que nada te prive de VIVIR, siente sin límites, refleja tus deseos en tus acciones…

domingo, 24 de octubre de 2010

DELEITARSE CON LA VIDA


A diferencia de las bicicletas de paseo, las de carrera no tienen PIE DE APOYO, sólo pueden mantenerse en EQUILIBRIO mientras corren.
Y así, hay mucha gente que pasa por la vida, sin disfrutar parándose a contemplar las pequeñas cosas que nos hacen GRANDES.
Es imposible gozar de las cosas pasando por ellas a la carrera, y a veces con disminuir la velocidad no basta.
En esos casos, para deleitarse con el paisaje es necesario detenerse, aun a riesgo de perder el empuje, de perder el equilibrio, y lo más importante, aun con el riesgo de perder la carrera

lunes, 18 de octubre de 2010

LA VIDA...UN VIAJE EN TREN

Hace tiempo leí un artículo en una revista, comparaba nuestra vida con un viaje en tren. Siempre lo había oído, desde mi perspectiva, es una comparación interesante. Atractiva porque nuestra vida, realmente es como ese viaje en tren, sí, lo es porque está llena de embarques y desembarques, de pequeños y grandes accidentes en el camino, de sorpresas agradables, con “alegres subidas y bajadas tristes”.
Cuando nacemos, es como si subiéramos a un vagón de ese tren, rápidamente encontramos a dos acomodadores, que seguramente nos harán conocer el viaje, eso sí, según sus experiencias: nuestros padres.
Lamentablemente, ellos bajaran en alguna estación y para no volver a subir más (me resisto a la idea de que algún día no me acompañen en mi vagón). Pero a pesar de esto, nuestro viaje deberá continuar, aunque de que de vez en cuando haya un pequeño retroceso. Tendremos la suerte de conocer a otras interesantes personas durante esta larga travesía, entre ellos nuestros hermanos, amigos y amores…
Muchos de ellos sólo realizarán un corto “paseo”, otros estarán siempre a nuestro lado, compartiendo alegrías y tristezas.
En el tren, también viajaran personas que andarán de vagón en vagón para ayudar a quien lo necesite, cubriendo así, sus propias necesidades en la mayoría de los casos. Muchos se bajaran y dejaran recuerdos imborrables, otros lo harán y no dejaran nada.
El tren disminuye su velocidad para que suban y bajen personas. Ahí es cuando nuestra emoción aumenta, nuestro corazón se acelera a medida que el tren va parando… ¿quién subirá? Y lo más triste, ¿quién se bajará? La vida es pura incertidumbre.
Hay quienes, en cambio, viajaran simplemente ocupando asiento, sin que se perciba que están allí sentados. Es curioso ver como algunos pasajeros a los que queremos deciden sentarse alejados de nosotros, en otros vagones, eso nos obliga a realizar el viaje estando separados de ellos, sin impedirnos, aunque tal vez con alguna dificultad, acercarnos.
Este viaje es así, lleno de atropellos, sueños, fantasías, utopías, paradas, esperas, llegadas y partidas.
Intuyo que este tren solo realiza un viaje, el de ida, deberíamos intentar “reunir” para hacernos con un billete en “primera” y así disfrutar mientras dure el recorrido, pues el gran misterio de esta aventura es no saber en qué estación nos tocará bajar.
A ti, que lees estas líneas desde tu vagón, te dejo un abrazo enorme y agradezco tu compañía en este instante de tu viaje…

domingo, 10 de octubre de 2010

HORIZONTALIZAR NUESTRO YO


Hace días “masticaba” una frase de Gabriel García Márquez donde el escritor y novelista colombiano, había añadido en su carta de despedida de la vida pública, conmovedora por cierto, debido a su estado de salud (cáncer linfático). La expresión decía así:
“He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse”.
Después de ingerir ese pensamiento del nobel de literatura, me encontré con un “mendigo” en la puerta de un templo, que sentado, pedía dinero a diestro y siniestro. Le "ofrecí" un par de monedas, y mientras me retiraba de la “escena” oía a un chico que salía detrás de mí, diciendo: ¡“el pobre”! Y me cuestiono: “El pobre, ¿por qué?” Si analizamos la situación y la fusionamos con la nota de Gabriel García Márquez, desde mi modesta opinión, no tiene nada de “envidiarle” al desamparado que “demandaba” en la puerta de la iglesia. ¿Acaso una persona económicamente “sobrada” no tiene carencias? Quizá sea más exiguo que el primero. Lo cierto es que al oír las palabras del hombre que me acompañaba en la salida de la primitiva basílica me hicieron reflexionar acerca de dónde podemos situar nuestro ego.
Si “horizontalizamos” nuestro “yo”, ni él está por debajo de mí, ni yo estoy por encima de él. Claro que aquí, la humildad se pone de pie. Ser humildes puede abrirnos hasta las puertas más grandes y pesadas existentes. Ésta es todo lo contrario a la soberbia, uno de los siete pecados capitales.
Si alejamos nuestro ego y en lugar de criticar, nos pusiéramos siempre en primera persona, antes de “señalar” al prójimo, quizá pudiéramos paliar los prejuicios que tan lejos nos mantienen de las relaciones con los demás.
¿Le echas un pulso a tu ego?

domingo, 3 de octubre de 2010

LA VIDA ES SUEÑO

El pasado día, después de mirar los comentarios que mis buenos “amigos” me dejan en las humildes reflexiones que “intento” poner día a día en mi perfil de Facebook, destacaba el de mi querida “camarada” Mónica. Hacía referencia a los que sueñan por soñar, y desde aquí, deseo responderle.
Estimada Mónica:
Día tras día tengo mis sueños. Hay amaneceres en los que el deseo se apodera de mí y de mis metas. Objetivos por cumplir en mi futuro y algo que tengo presente siempre es que no debo dejar de soñar, pero no soñar desde el pensamiento “que bueno sería tener tal cosa, o ser tal otra…” esos no son sueños, son sólo deseos.
El verdadero sueño es aquel que tiene una verídica determinación en él, uno que ya estamos convencidos de lograr.
Cuando sueño o cuento algo a uno de los míos (cercano, muy cercano) sobre mis proyectos para el futuro (no lejano) lo digo a veces hasta con las fechas en que ese sueño pueda estar cumplido. A veces me asalta la seguridad de que lograré todo lo que sea positivo para mi vida, que no tengo la más mínima duda del potencial humano para hacer cualquier cosa.
Eso es lo que tengo presente cada día…quizá por la gran influencia que ha tenido el budismo en mi vida, y principalmente, su pensamiento y manera de ver el mundo, me ha abierto la mente (aún queda mucho por abrir) de una manera que nunca podré dejar de agradecer. Pero no sólo agradezco tal apertura de una manera que hasta a mí, me extraña… también agradezco porque he podido ayudar con ello a muchas otras personas alentándolos a que no deben dejar de soñar. Que todo puede cumplirse y que no debemos nunca dudar del potencial de nuestro ser, de nuestra “budeidad” (para cada cual, su fe).
A veces los sueños tardan en cumplirse pero siempre llegan, quizá no cuando los esperamos pero si cuando realmente son necesarios para nuestra vida. Ya en repetidas ocasiones, he enumerado una frase budista: “A veces la vida te quita lo que más amas, para darte lo que más necesitas”. He visto este tipo de cosas en experiencias ajenas a mí, y también conmigo, por lo que tengo total seguridad de que la perseverancia y el esfuerzo tienen resultados exactos.
Y de tanto hablar de sueños, me ha dado sueño…(y por lo tanto, voy a soñar...)