
El mundo en el que vivimos, siempre tan apresurado y lleno de responsabilidades, uno a veces necesita de un paréntesis donde descansar. Hablo de reposo y no de “escapismo”. Evadirse sin asumir nuestros compromisos, normalmente, conllevan reembolsar con “apremio”, el tiempo en el que nos hemos “fugado” del centro de la realidad. Dar un paso al costado sin dejar de mirar el eje, es la manera que tenemos de evitar el pago con recargo. A mi modo de ver, los reproches que sólo nosotros tenemos derecho a hacernos, son los intereses que abonaríamos en caso de no actuar de forma sensata. Reposar “consecuentemente”, es un ejercicio que nos ayuda a ser autocríticos de forma constructiva, y así, poder “alejarnos sin alejarnos” y ver las situaciones desde otras perspectivas. Es decir, calentarnos con el fuego sin quemarnos.
Es difícil deshacernos de lo que en su día, se convirtió en “nuestro”. Cuesta soltar el nudo que un día nos ató. Desatar lazos emocionales sin hacer ruido es casi inviable. Realizar esa labor, en la mayoría de los casos, puede llegar a ser tan destructivo como el proyectil “chirriante” de un cañón. De ahí, que necesitemos de una distancia, de un reposo, que nos ayude a desactivar minas para poder recorrer el campo sin llegar a explotar en una de nuestras pisadas.
Cuando hablo de reposar sin dejar de observar el centro, es comparable al movimiento de “rotación” de La Tierra, lo hace trasladándose sin dejar de “mirar” alrededor de su centro, es decir, el Sol.







