Todo guarda una relación mutua con todo lo demás, así que no podemos culpar a nadie por nada.Sólo el tiempo será quien eche la última pala de arena para enterrarlo todo.
Os invito a compartir perspectivas a través de mis particulares reflexiones...
Todo guarda una relación mutua con todo lo demás, así que no podemos culpar a nadie por nada.
Estamos acostumbrados a dividir el mundo entre lo exterior y lo interior, lo objetivo y lo subjetivo, y esta división no tiene porqué ser conflictiva, pero nuestra cultura valora y exalta lo exterior y objetivo en perjuicio de lo interno y subjetivo. Y no hay nada más valioso que lo que anida dentro de nosotros: "los sentimientos".
“La vida no deja de desorientarnos”. Ese fue el diagnóstico que hice después de realizar semejante foto. Una vez mi paladar se deleitara con un helado, y mis pies hicieran lo propio paseando e intercambiando opiniones al lado de mi amiga Lorena, un ser maravilloso, nos dirigimos al medio de locomoción que nos había trasladado para semejante gozo. Abducidos por la calma de la noche, giramos la cabeza de este a oeste sin ubicar dónde habíamos dejado el coche, hasta que la memoria salió a relucir indicándonos donde estaba situado. Para nuestra sorpresa, apreciamos este letrero publicitario que “colgaba” boca abajo. En ese instante, como ave de paso, se posó en mi cabeza un fragmento de la letra de una de las canciones de Fito y Fitipaldes: “Ya no sé si el mundo está al revés o soy yo quien está cabeza abajo”.
Lo bueno de las experiencias vividas es que siempre se puede “rescatar” algo a pesar del tiempo.
Todas las cosas están interrelacionadas y son interdependientes; nada existe de forma aislada. El Universo entero es como una telaraña: si tocas una parte, toda la red se estremece. Como resultado de la interrelación y la interdependencia, toda expresión de energía, incluyendo nuestros pensamientos y acciones, acaba tocando y afectando todo lo demás.
Compartía con un buen amigo un pedazo de la tarde y con él, un café. Entre tantas conversaciones establecidas, se me quedó una “atragantada” y que me costó digerir: la indecisión. 
“No siempre se desea exactamente lo mejor, lo que tenemos que tener claro, es si realmente deseamos todo lo que queremos, o si queremos todo lo que viene con lo que hemos deseado”.