Por mucho que lo creamos, un clavo nunca quitará otro clavo. Iniciar
una nueva relación como quien busca un analgésico para el dolor, no es
lo más acertado. Estaríamos asistiendo al síntoma pero no a la causa.
Ese clavo hendido en nuestro corazón solo podrá retirarse con el propio
martillo que lo clavó. Poner otro supondría hacer un agujero más
grande.
Asumir la distancia, el
vacío al otro lado de la cama y sobre todo en el corazón, desespera.
Nuestro cerebro entra en "estado de alarma", interpretando ese dolor
como algo real, como el que se quema... Y necesitamos aliviar esa
"quemazón" con una buena dosis de "crema y ternura".
En cambio,
otros se niegan a asumir el final y buscan a la desesperada un camino
que no siempre funciona: el de las relaciones de paso. Llenar un vacío
con vacío...
Queda claro, sin duda, que no hay nada mejor como
volver a iniciar una relación estable, íntegra y madura para darnos una
nueva oportunidad, siempre y cuando, eso sí, estemos verdaderamente
preparados para ello. Porque si bien es cierto que nadie es
insustituible, lo que no somos es intercambiables.
Pero iniciar
una relación con la mochila cargada de resentimiento, tristeza y sueños
rotos es una bomba de relojería que estallará antes o después. "Es como
si empezaras con la nueva pareja en el mismo punto en el que acabó la
historia anterior".
Como dicen los buditas: "Quien persigue a dos liebres, al final no consigue ninguna".