sábado, 30 de enero de 2010

DARSE UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD


Cuando uno decide “darse” una segunda oportunidad, tiene ante sí, un trabajo arduo de replanteamientos y de autocrítica. El hecho de añorar situaciones pasadas es una razón para no pisar el acelerador y quedarse anclado al pasado. Normalmente lo que se “echa de menos” es lo conocido ya que es el terreno en que nos sentimos a gustos y seguros.
En el caso de un preso que ha cumplido condena y vuelve a “pisar la libertad”, no tardará en darse cuenta de que la transición de estar preso a estar libre conlleva serios desafíos personales y altibajos emocionales. Al principio, como es normal, valorará la libertad mucho más que antes, pero la parte de este difícil cambio es el “reajuste” que debe aplicarse para definir un plan de vida con mucha diferencia a la “estructura” que le han marcado en prisión –donde constantemente le imponen lo que tiene que hacer.
Quizá la segunda oportunidad más difícil, es la de vivir “superando” la adicción a las drogas, porque desde mi modesta opinión es una “prisión auto impuesta. Mantenerse fuera de esa cárcel es una tarea ardua. Es un callejón aparentemente sin salida, sin embargo, son muy pocos los que “encuentran” la puerta trasera que les ofrece la posibilidad de retomar la TRANQUILIDAD DE SUS RUTINAS. Una vez se haya superado la parte más complicada: la desintoxicación, la rehabilitación… lo mejor para evitar una recaída es salir del lugar de procedencia y alejarse de las malas influencias. Evitar verse con los “habitantes” de este mundo cruel y pasear por la vida intentando encontrar un nuevo “planeta” en esta galaxia.
Otro y quizá el más común de los casos, es el del “amor”. El amor es la esencial virtud del ser humano y muchas veces lo que nos mantiene con sentido en la vida. Es muy importante en este lance que ambos intérpretes estén de acuerdo. Aceptar los errores del pasado sin quedarte anclado en él. Lo más importante es saber que “darse una segunda oportunidad” no es retomar las cosas donde se quedaron: porque es una nueva oportunidad de crecimiento, de cambio.
Aunque como cristiano no exclusivista, ya lo he anunciado en textos anteriores no me privaré de leer uno de los mejores libros que cohabitan con nosotros en nuestra vida: La Biblia. Un pasaje más de este grueso ejemplar no me dejó indiferente pudiendo descifrar: Job 14:7 "porque si el árbol fuese cortado, aún queda de él esperanza; retoñará aún, y sus renuevos no faltarán. Si se envejeciere en la tierra su raíz, y su tronco fuere muerto en el polvo, al percibir el agua reverdecerá, y hará copa como planta nueva".
Darse una segunda oportunidad es tener fe en ella, aunque muchas veces tengamos que agarrarnos a una fuerza externa para superar cualquier obstáculo, aún sabiendo, que la mayor fuerza para solventar las adversidades está dentro de nosotros. Pero como irse a los extremos siempre puede crear una “adicción”, soy partidario de compartir ideologías si nos ayudaran a superar cualquier adversidad, y así, “darnos una segunda oportunidad”.
¿Estás dispuesto a darte una segunda oportunidad aunque fuese a consta de una fuerza externa?

domingo, 24 de enero de 2010

EL CAMINO DE LA VIDA



Se llama Javier, vive en la misma ciudad que yo pero no nos conocemos personalmente. Me había dejado un mensaje a través del blog de mi querida amiga Nuke, ya que en un reciente artículo publicado en un medio digital de mi localidad, donde expongo mis humildes artículos, hacía mención a su enlace “El rincón de Nuke”, donde mostraba mi agradecimiento a las personas que me habían motivado y “empujado” a hacer una de las cosas que más me gustan: ESCRIBIR. A partir de aquí el recorrido que realiza Javier para hacerme llegar sus comentarios y poder entablar contacto conmigo, es un camino largo, difícil, complicado, pero a su vez digno y orgulloso de contar por la ilusión que provoca en mí que estas humildes letras le hayan llegado a alguien de una manera tan intensa, motivándole a dar tales pasos.

El andar de Javier, me hizo reflexionar sobre lo siguiente: pudo haber recorrido un camino más corto, fácil pues siendo ambos de la misma ciudad, conociendo donde trabajo, hubiera sido más sencillo y rápido encontrarme, sin embargo, Javier inició el recorrido de un camino más extenso. Saqué de mi archivo una frase que se aplica con frecuencia en Oriente y dice así: “ningún camino fácil te llevara lejos”, es la forma en que Javier paso a paso se ha ido acercando a mí, y desde aquí quiero agradecérselo porque este gesto ha hecho que rebosen aún más mis ganas de seguir escribiendo.

“Caminar es vivir”. El recorrido más largo y ancho es el que realizamos en la VIDA, al igual que Javier, según nuestra intención, propósito, deseo…cuando uno comienza a andar decide por qué camino avanzar: si por el largo/difícil o por el corto/fácil… El corto, podría ser el más sencillo, el más socorrido para un momento determinado. El buen afán de superación que a la raza humana nos diferencia, en ocasiones nos hará optar por tomar el camino más largo, y… aún tomando éste… se establecerán unas diferencias que serán las que nos definan como la persona que somos: “Lo qué y cómo hagamos en la vida, tendrá su eco en la eternidad”. Estas reflexiones me han permitido contemplar la gran variedad de FORMAS DE CAMINAR, que cada cual tiene opción de elegir y escoger según sus circunstancias:

-Habrá quien decida coger “atajos” para llegar antes y recorrer menos “metros” olvidando que la vida es un camino largo y que es tan importante como necesario recorrer desde el Km.0 hasta el final del destino, pues es el viaje en sí el que nos aporta la verdadera satisfacción: VIVIR viviendo cada paso, enriqueciéndonos de lo hermoso del paisaje, solventando cada problema…sin evitar el enfrentamiento que las adversidades de la vida nos va poniendo como obstáculos, ya que son éstos los que nos hacen crecer, muchas veces nos sirven como “trampolín” para avanzar dando saltos y recorrer así más metros en menor periodo de tiempo.

-Por otro lado, habrá quien ni siquiera se atreva a caminar con los cinco sentidos “activados”, lo cual le impedirá percibir todo aquello que le va llegando durante el trayecto, lo que le proporciona un imperfecto e incompleto “abono” para esta tierra fértil, lo que haría crecer fuerte y recto el tallo de raíz, evitando desvíos hacia los lados… perdiendo así otra oportunidad de “ver”.

-Están también los que deciden caminar sin saber por dónde, con la necesidad de un “lazarillo”. Eligen ir ciegos por el camino, necesitan de el “guía” para que les avise y oriente sobre los obstáculos que se le presentaran para no enfrentarse por sí mismo y prever mediante otros cuáles son las complicaciones que le impedirán avanzar. Ocurre en estos casos con mucha frecuencia que “el lazarillo” se cansa de tirar con la carga del otro, y cuando éste ya está agotado, se libera del peso ajeno, dejando al “ciego aún más ciego”.

-Otros aún cuando ya tienen decidido el camino a seguir, llegado el momento de empezar a andar, no se atreverán a dar ni el primer paso: “suicidios en vida”. Habrá quienes sí den esa inicial zancada y se paralicen ante el miedo de que las cosas no salgan como habían pensado, y tenderán a retroceder e incluso a perderse en el camino de “vuelta a casa”. Tan sólo los que dan ese paso y superan la línea del temor, seguirán avanzando, mirando atrás observando sus miles de “huellas”. Lo importante es que cuando “pisemos”, no lo hagamos de puntillas, sino con la INTENSIDAD necesaria para que dichas huellas dejen “huella”.

Y así, un sinfín de formas de caminar, cada una con la suya. Lo importante, es que tu camino, difícil o no, el que cada cual haya elegido libremente, nos lleve tan lejos como nos hayamos propuesto, preferiblemente sin lazarillo, sin coger “atajos”…sino con la alegría y con el entusiasmo suficiente de caminar el largo y ancho recorrido de nuestra VIDA, paso a paso, sin prisas, con calma, disfrutando y exprimiendo cada instante, donde nuestros pies nos lleven! No olvidemos que, EL DESTINO, SIEMPRE SERÁ PARTE DE NUESTRO PASADO, Y SOBRE TODO DE NUESTRO PRESENTE!

¿Y tú has elegido camino, cómo haces tu recorrido, hacia dónde te diriges?

Gracias Javier por tú interés en buscarme, por tu forma de encontrarme y de llegar a mí…

viernes, 8 de enero de 2010

AHORA TOCA DEPURARSE


Pasadas ya estas fechas donde uno se sacia hasta la plenitud de comidas, fiestas, encuentros, compras, de…prácticamente TODO, paramos y hacemos balance sobre lo “comido y vivido” intensamente en tan corto periodo de tiempo transcurrido. El presente nos “empuja” a mirar por el retrovisor. Muchos se verán reflejados en el “espejo” con esos kilos de más e intentarán cumplir la “típica” promesa: una dieta para volver al lugar de donde se partió antes de llegar hasta aquí. Previo comienzo al régimen depurativo, es importante que dejemos pasar unas semanas desde el último festín, porque la “simple vuelta” a la vida cotidiana y la ingesta de menos alimentos, da lugar al primer paso para empezar a perder peso de forma paulatina y efectiva. Cuando ya nos hemos acostumbrado a tomar menos calorías, es momento de empezar esta dieta para que nos ayude a eliminar las impurezas que se han acumulado en nuestro cuerpo. Ingerir mucha “fruta y verdura” son las aliadas perfectas para perder “toxinas”, esa es la línea que se debe seguir, orientados por profesionales, cuando lo requerimos.
Y… “¿cómo nos DEPURAMOS de la ingesta de los “alimentos” que nos han “intoxicado el alma?” Hablo de la falsedad, la hipocresía con la que tratamos y somos tratados en estas fechas pasadas. De saludar a quienes no hacemos durante el año, sentarnos al lado de nuestro familiar al cual no “tragamos”, de mirar al otro sin querer verlo, y así un sin fin de “alimentos”, que han engordado los sentimientos negativos. Acaso, ¿será igual de efectiva la ingesta de frutas y verduras? Deberemos igualmente dejar pasar un tiempo prudencial desde la ultima “obligada” apariencia de que nada negativo ocurre, de tal forma que nos vayamos acostumbrando poco a poco a la vuelta a nuestro SER más puro, ese donde “nos sentimos” más libres, donde no nos condena ya la presión social y familiar que implica el llamado “espíritu navideño”, donde todos fingimos ser ejemplo de Paz, lo que da como resultado una Paz, sí, pero invertida. La bautizo así porque aunque desde fuera se aprecia una sutil armonía en nuestros comportamientos hacia los demás, por dentro se están librando las más bélicas batallas con nuestro SER más interno. Otra Navidad…arrastrados y manejados como marionetas o títeres de una realidad que muchas veces nada tiene, ni tendrá que ver con la nuestra.
¿Cuál será la ingesta que depure tu alma pasadas estas fechas cargada de alimentos “ricos” en grasas y azúcares?

viernes, 1 de enero de 2010

DEUS SOLUS IUDICARE ME POTEST

Para juzgar (hablo de aquellos que creen tener derecho) deberían ser conscientes del daño que pueden ocasionar, de lo contrario carecen de empatía. En la vida diaria nos encontramos con personas en cuya conversación todo es crítica, comentarios destructivos, inconformidad y desaliento; personas que crean en nosotros un sabor amargo y negativo, y no nos dejan ninguna enseñanza más que una atmósfera contaminada que respiramos al compartir ese rato con ellos.
Si inconscientemente les seguimos el juego y nos volvemos partícipes de esa conversación, terminaremos al final del día, cargados de toda esa energía dañina y envolveremos a todos los que se nos acerquen. Así se van formando grupos de inconsciencia colectiva, que se multiplican y destruyen a su paso a muchos seres inocentes que caen en sus juicios.
Es por ello, que hoy quiero plasmar en este artículo una experiencia real y conmovedora que me hizo reflexionar profundamente sobre estas actitudes inconscientes, que nos llevan a juzgar implacablemente a los demás, sin tener la menor idea de lo que realmente está sucediendo en el interior de cada ser humano. Una experiencia que mi amiga Nuke relató en su blog (“el rincón de Nuke”) titulada: “Juan”. Cuando tuve la suerte de leerlo, se codeó con mi interior para hacerme recapacitar, y hoy quiero compartir con todos ustedes:

SE LLAMABA JUAN
Recién llegada a Madrid (ya ha llovido), trabajé y viví durante mucho tiempo en la C/ Avda. Reina Victoria cerca de Moncloa. Todas las tardes, al salir del trabajo, tenía que cruzarme de camino a casa a un mendigo de unos 60 años que me llamaba muchísimo la atención y reparaba en él unos segundos. Le recuerdo rodeado de perros con los que de vez en cuando compartía un bocadillo que algún "alma caritativa" le había dado un rato antes, (lo cual además, me parecía conmovedor)...atados por unas cuerdas a un carro de supermercado, lleno de trastos viejos y alguna manta del que tiraba por la calle, de banco en banco sentándose a descansar. Siempre correcto con todos y conocido en el barrio, amable, con presencia, barba de muchos días, paso lento, sucio y ausente. Dudo mucho que se diera cuenta en realidad de la gente que pasaba a su lado. Alguna vez y haciendo honor a esta "hipocresía" del ser humano, lo "desalojaron" para inaugurar un tramo de la calle, por si salía al lado del alcalde y estropeaba la foto, pero eso es otra historia. Después de un tiempo viéndole a diario quise saber de él, me pudo la curiosidad porque el personaje no iba acorde con la persona, digamos que pensé que ese traje no le pegaba. Y una tarde le pregunté al portero de al lado de mi casa, un señor mayor a punto de jubilarse si sabía algo y me contestó: Si mujer!...Es Juan, vecino de siempre.
Me contó que Juan, había vivido en la C/ Gral. Ibáñez Ibero cerca de mi trabajo toda la vida, magistrado de profesión, (sin familia, sin hermanos ni padre) desde pequeño. Un día de regreso de unas vacaciones en un accidente de tráfico, (conduciendo él), perdió a su mujer y a un hijo de 11 años. A raíz de eso y sin poder superarlo, lo perdió todo.
En su creencia de estar bien seguía aferrado a las calles que le vieron crecer y dónde hizo su vida en tiempos felices. Me di cuenta concluida su explicación, de la importancia de tener algo o a alguien a lo que aferrarse y de como la mente sucumbe en muchos casos al golpe del corazón hasta llevarnos a perder el norte y la cabeza, sin encontrar el camino que nos lleva de regreso a la realidad para terminar perdiéndonos sin remedio alguno.
La "mente" es todo.
Y aprendí tres cosas:
1ª. Que la vida es un tablero de ajedrez, dónde nosotros no tenemos ni tablero ni fichas. Ella manda.
2ª. Que nos quejamos de vicio, sin reparar en las cosas amables que tenemos alrededor
3ª Y última, pero no menos importante: aprendí a no prejuzgar.
Detrás de cada ser humano, de la condición que sea, hay una historia que condiciona su vida, hasta puntos insospechados. Desde entonces, siempre que me cruzo con alguien que duerme en la calle, en cierto modo se llama Juan.

Y yo modestamente añado: Deus solus iudicare me potest

viernes, 18 de diciembre de 2009

Y LLEGÓ LA NAVIDAD...


…siempre abrazada a diciembre, mes que mientras “no cambiemos el calendario”, será el que indique que el año llega a su fin. Cierra una etapa, un ciclo, dejando atrás nostalgia por los buenos instantes exprimidos y la ilusión por transformar los momentos difíciles. Da paso a unos días llenos de ilusión y esperanza. Esperanza, para que todo lo que conlleva la llegada de un nuevo año, llene los vacíos y “rebose” los que ya estaban llenos.
Las noches, “dejan de ser noches”, se iluminan por miles de bombillas, escaparates alumbrados, el humo de las castañas asadas y sobre todo, lo que realmente da VIDA a estas fechas, los niños, hasta altas horas de la madrugada jugando con los estallidos de los petardos, consiguiendo que respiremos un olor típico en estas fechas. Mientras inhalamos esa “fragancia” a dinamita quemada, nos invade el optimismo por el cambio, y no sólo de un nuevo año que empieza a asomarse. La ilusión por una “permuta” trae consigo, hasta para los escépticos, la credibilidad de que todo será especial, deseable y sobre todo “diferente”.
La llegada de los venideros doce meses arrastra una quimera “vendida” por nuestra idiosincrasia para que nuestras vidas cojan un rumbo distinto al presente. Girar el timón hacia un futuro floreciente, a mí entender, depende de nosotros. Tenemos el potencial necesario para cambiar interiormente y todo cambio, es un proceso de transformación interna que nos permite comenzar a dirigirnos en una nueva dirección, alejándonos de lo que nos desagrada y perjudica, y acercándonos hacia lo que nos beneficia y produce placer. Ocurre, que tememos al cambio por no saber actuar. A razón de que lo nuevo no es algo definido. Una forma de defenderse de lo desconocido es agarrarse a lo conocido y, consecuentemente, negamos lo nuevo. Espero y deseo que con la llegada de este “nuevo año” nos atrevamos a cambiar, o al menos INTENTARLO. Intentar acariciar la orilla de esos anhelos que invaden nuestro día a día.
Y como ejemplo, giro el timón de este escrito y realizo un “cambio” para aprovechar la ocasión y navegar por el “mar” del agradecimiento. Quiero dar las gracias a todos los que me leen, dejan su comentario y a los que se quedan empapados por mis pensamientos transformados en letras. A los que han puesto “cara” atreviéndose a ser seguidores de los pasos del agua que emana este arroyo. Y sobre todo, a mi BUENA amiga Nuke. Sin ella todo lo que aquí está expuesto no sería posible. Insistía en que este “humilde arroyo” debía nacer. Que había manantial suficiente para humedecer toda la frondosidad de este bosque.
Desearles a todos una FELIZ NAVIDAD y que la llegada de este año 2010 cumpla los anhelos más profundos.

martes, 1 de diciembre de 2009

LA MIRADA DE MI PADRE


El pasado viernes, último de este otoñal mes de noviembre, salí temprano de casa para dirigirme a mi trabajo, empapándome del eco del canto del gallo, es decir, terminado ya el gallicinio. Una vez sentado en el sillón de mi gélido coche, así lo bauticé porque la noche lo había abrazado con el relente. Encendí, como de costumbre la radio para escuchar la música que me activa en las horas matinales. Al llegar al primer “stop” tuve la obligación de dar paso a un vehículo, asomaban los primeros largos dedos del sol distorsionando mi vista, impidiéndome advertir quien se cruzaba en mi “camino” a tan temprana hora de la mañana. Una vez se instaló delante de mis retinas, mi corazón palpitó un poco más rápido de lo normal, era mi PADRE. Intercambiamos la mirada por medio de su retrovisor y su brazo se estiró alzando los dedos al viento formando un abanico con su mano, fue nuestra forma de darnos los “buenos días” y como manda la ley de la vida, él delante y yo detrás.
Mientras me dirigía al trabajo y seguía respirando el aire que rodeaba el sonido que salía de la radio, pensaba en la mirada de mi Padre. Se asemejaba a la de un padre satisfecho por haber sacado a sus hijos adelante. Un padre lleno de orgullo por haber cumplido lo que la naturaleza manda. Lo cierto es que nada puedo reprocharle a mi buen padre, quizá que pasó poco tiempo con nosotros mientras mi madre resolvía la ardua tarea de criarnos. Son pocos los recuerdos que tengo de ver sentado a mi padre en la grada mientras jugaba al fútbol, pues el trabajo le retenía un gran número de horas que le privaba de “compartir” muchos de estos instantes, pero hoy, paro, hago balance, y sí recuerdo disfrutar cada verano de esas vacaciones en el sur de nuestra redonda isla, que la nevera siempre se mantuviera llena para alimentar nuestros hambrientos estómagos, que fuéramos uniformados al colegio con nuestros respectivos libros, que pudiese entrenar con mis negras botas de 20 tacos y sobre todo, que siempre, repito, SIEMPRE, Los Reyes Magos vinieran a visitarnos a nuestro “hogar” cada año.
Hoy, como hijo sintiéndome tan orgulloso de que él sea mi Padre, le puedo dar aquella RESPUESTA que un día me maravilló escuchando en una entrevista a Zinedine Zidane, responder cuando le preguntaron - “¿cuál sería para ti el mayor éxito que podrías conseguir en la vida?”- y él contestó: “QUE MIS HIJOS PENSASEN QUE HE SIDO UN BUEN PADRE”.
La presencia en la infancia de un buen padre hace que el niño se sienta fuerte y protegido, tiene un pilar en el que puede apoyarse. Para los que somos padres, desde mi humilde opinión, tenemos que permitir que nuestros hijos cometan errores, porque son éstos los que les ayudarán a crecer como “personas”. No aceptaremos conductas erróneas repetidas a conciencia, pero sí tenemos que aceptar que nuestro hijo pase por determinadas situaciones para que pueda convertirse en un adulto.
Un padre debe tener la mente abierta para aceptar que su hijo no es igual a él, que los tiempos cambian y no podemos hacerlos a nuestra imagen y semejanza, sería un error. Tropezaría con los dictados de esta sociedad, quedando atrás en muchos sentidos. Considero que existe un factor muy importante, el de inculcarles el valor de las personas y objetos, de cuánto debemos apreciar lo que tenemos, cuánto trabajo supone no solo ganarlo, sino lo más importante: conservarlo y no sólo materialmente hablando.
Para los hijos no hay cosa tan valiosa como la de tener un buen padre, por lo que debemos tratar de ser tan buenos como podamos. La perfección no existe.
Deseo cerrar esta humilde dedicatoria hecha a los padres y sobre todo a MI PADRE con una frase que escuché en una película que tengo muy presente: “Gladiador”, donde Marco Aurelio, emperador de Roma, decía humildemente a su egocéntrico hijo: “Tus defectos como hijo, son mis errores como padre”.

sábado, 21 de noviembre de 2009

LA FE

Esta semana, visité como de costumbre la Basílica de San Juan para instalarme allí y orar. Es un momento donde encuentro paz y me reencuentro conmigo.
Desde hace tiempo me he abrazado al Budismo, aunque personalmente me considero como la “mayoría” de este mundo, un seguidor de Jesús. Como cristiano, he vivido con él toda mi vida, pero de un tiempo a esta parte me he convertido en un cristiano no exclusivista y no creo que el cristianismo sea la única religión aceptable, por más que sea mi “hogar”.
Budismo, hinduismo, cristianismo, el islam o la propia fe bahai, el mensaje esencial de todas las religiones es bastante parecido. Cada una, con su propia filosofía, sus propias tradiciones, se fijan como objetivo apaciguar los sufrimientos del espíritu humano. Poco me importa si tal religión es “superior” a la otra, lo que tengo en cuenta es la mejor que se adapta a mis expectativas, y supongo, que es lo que cada uno debe encontrar.
El caso, es que una vez terminé de exhalar mis súplicas, la quietud del templo se instaló en mí, incitándome a quedarme estático durante un tiempo en aquel largo banco de madera.
Segundos después, una señora ya entrada en edad, como pude percibir al ver su rostro, semblante marcado por las líneas del tiempo, cumplía su promesa arrastrando sus rodillas con paso muy lento. Al notar, que era cuidadosamente observada, me hizo una pequeña reverencia a modo de saludo. Esto me incitó a cuestionarme qué le había sucedido para que paseara sus rótulas por las primitivas piedras de la basílica. Qué cumplió la “imagen” del Santísimo Cristo de Telde, para que esta señora desfilara su paso por la alfombra roja (y no la de Hollywood) en dos ocasiones.
Una vez terminó su promesa, se quedó mirando fijamente a la estatua del Santísimo Cristo, hecho de pasta de millo por los indios tarascos de México, que aterrizó en nuestra ciudad entre los años 1550 y 1555. Hipnotizada por el Santísimo se persignó como diez veces consecutivas, gesto que generó aún más mi inquietud por saber de su fe.
Evidentemente, no supe qué le hizo llegar hasta la imagen, intuyo una promesa, pero dejó con su paso, una reflexión en mí para desmenuzar: la FE.
La fe sin duda se trata de un concepto abstracto de muy difícil definición. La creencia propia de la fe, hace del asunto creído algo tan fuerte, que adopta el carácter de verdadero, aún sin ser comprobado. En la Biblia, encontramos una definición muy acorde a como quiero desde mi perspectiva explicarla, dicha definición se encuentra en Hebreos 11:1 y dice lo siguiente: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.
Tener fe es aceptar la palabra del otro confiando en su honestidad. Así ocurrió con los grandes profetas. Sus seguidores les creían porque tenían conocimientos sobre lo que profesaban, eran personas capaces de predecir acontecimientos y hablaban por inspiración divina, o en nombre de Dios. Buda, Jesucristo, Krishna, Mahoma, Baha’u’lláh son algunos de los mensajeros de Dios, según sus respectivas religiones.
Modestamente tengo mi opinión sobre la fe, y nada tiene que ver con la esperanza porque muchos creen que es lo mismo, para mí, la fe se encuentra en el momento presente, mientras que la esperanza se haya en el futuro. La fe es lo que nos proporciona seguridad. Fue la conclusión que saqué cuando abandoné la basílica después de desmenuzar el acto que aquella señora “profesó” durante mi estancia en la iglesia.
Se dice que la FE, es como una brújula en la tormenta y en la niebla. Modestamente creo que cada uno tiene su particular brújula interior. Si tú eres de los que ya has encontrado la tuya, ¿hacia dónde giran sus agujas?

viernes, 13 de noviembre de 2009

¿RAZÓN O PASIÓN?

En los momentos en que necesitamos tomar una decisión importante, es mejor confiar en el impulso, en la pasión, porque la razón generalmente procura alejarnos del sueño. Justificando que aún no ha llegado la hora.
La razón teme a la derrota, mientras que la intuición ama la vida y sus desafíos".
Tropecé con este relato hace más de cinco años en un libro que me regalaron.
Siempre que abría el ejemplar para ojearlo, repasaba la reflexión antes mencionada, masticándola sin poder tragarla: es difícil elegir entre razón y pasión.
Modestamente opino que el motor que puede “empujarte” a dar ese paso para cruzar la línea que muchas veces te mantiene lejos de tus anhelos más profundos, es la pasión.
Ser apasionado no es un trastorno, siempre que actuemos con la cordura del corazón. Se encuentra estrechamente vinculado a comportarnos de manera más emocional que racional. No en vano, el refrán popular dice: "Lleno de pasión, vacío de razón". Esto implica que cuando una persona se siente apasionada por algo o alguien, tenderá a reaccionar más con sus emociones que razonando objetivamente, pensando o planificando acciones para alcanzar sus metas, que de ser así, seguramente no las alcanzaría. Sólo las emociones, la pasión, te acercará a tu SUEÑO.
“¿Qué anhelo puebla tu mente y aún no has cumplido?”

miércoles, 4 de noviembre de 2009

A MI BUEN AMIGO PEDRO FLEITAS GONZÁLEZ


El pasado viernes a la hora en que la tarde se iba desmayando, salí a pasear con mi perra. Ese merecido tiempo en el que el animal, sacia sus necesidades tanto biológicas como emocionales, y yo, mientras, me siento a ver en el horizonte como se funden mar y cielo y se transforman en uno.
La sábana oceánica, mantenía una calma fuera de lo normal en estas fechas. En ese preciso instante, un barco rompía la serenidad del agua que rodeaba la costa. Al ver como esa embarcación con su paso dejaba su rastro atrás, formando una línea que dividía en dos la quietud del mar, lo comparé con el rastro que dejamos los seres humanos en nuestro paseo por la vida. Todos dejamos una huella, algunos de forma muy superficial y otros tan profunda que nos perdemos en mirar el hueco que han cavado en su andar diario, como es el caso de mi buen amigo Pedro Fleitas González.
Este lunes visité como suelo hacer con frecuencia su consulta. Para quienes no lo conocéis, os diré que además de homeópata, acupuntor, buen conocedor de toda clase de terapias orientales, e instructor de la Bujinkan Dojo, Pedro es un ser humano sin precedentes, es mi forma de valorarlo. La razón es simple y llanamente que es una persona abierta al diálogo, sabe escuchar, y desde mi perspectiva, encontrar a alguien que lo haga desinteresadamente hoy día, es rozar el cielo con los dedos. No es una persona que dé consejos gratuitamente pero “aplica” con sutileza una frase que le he podido escuchar: “No hay que enseñar al alumno aquello que puede aprender por él mismo. Pero si el alumno todavía no tiene desarrollada la visión hay que mostrárselo.”
De un tiempo a esta parte, mi relación con Pedro se ha fundido como lo hace la cera provocada por la llama. Pisé “su nuestro” tatami hace unos 20 años para empaparme de las artes marciales impartidas por él. Con el tiempo se agudizó una fuerza dentro de mí, que hizo que mis pies dejaran de pisar el “tatami” para pasear por los campos de fútbol de nuestra redonda isla.
“Lo que la vida te quita por un lado te lo devuelve por otro”, conmigo se cumplió. Las lesiones deportivas producidas por el deporte rey me llevaron nuevamente a las manos de mi buen amigo y terapeuta.
Desde entonces, Pedro ha estado en mi vida de una manera u otra. Ahora le siento más cerca. Nuestras largas conversaciones, su altruismo solidario conmigo…han hecho que nos veamos con lupa, todo se ve más grande, transparente y se “ensancha a lo largo”. Siento y puedo sentir por su parte, que cuando compartimos tiempo nos vemos como “amigos”. Le hablo y él me habla, nos abrimos sin miedo a que uno de los dos pueda utilizar la intimidad entregada. Siempre he oído que “dar información es dar poder”, por ello, cierro más que abro el grifo de mi vida personal. Pedro logra con su “llave” abrir mi manantial, consiguiendo que me olvide de aplicar aquella frase que me retiene en otras ocasiones, con otras personas, emanando toda mi agua para llenar la “presa” de sus oídos y de su alma.
Quiero como manda el haberme criado en un buen caldo de cultivo, agradecerle a la vida las cosas que me regala, buenas o malas. Las no tan buenas, las suelo desechar una vez hayan pasado por mi filtro, para quedarme con la parte positiva de ellas, y con las bondadosas como es el caso de mi relación con Pedro, como anteriormente mencioné, agradecerle al UNIVERSO que me haya dado la oportunidad de vivirlas, de exprimirlas…
-“Ábrete a la no- existencia del yo.” Me invita a sumergirme cuando alguien invadido por la ira, la rabia, la envidia…se dirige hacia mi persona de forma destructiva cuando publico, y no haciéndolo hacia el escrito, como debería de ser.
Abrirse a la no-existencia del yo es desapegarse del mismo. De esa manera logro no apegarme a nada y desprenderme de los comentarios hirientes.
Para cerrar os propongo el siguiente ejercicio relatado en uno de los libros de Jorge Bucay, para la reflexión y conclusión. Consta en apuntar en un folio una lista de las personas que te importan, (no incluyas ni padres, ni hermanos, ni hijos, ya sabemos que nos importan más que nada). Una vez terminada la lista de las quince, ocho, dos o cincuenta personas que hayas apuntado, probablemente confirmes lo que ya sabías. Dale la vuelta al folio, y sin ver la lista anterior, anota los nombres de las personas para quienes crees ser importante en sus vidas, dicho de otra manera, la lista de aquellos que te incluirían en su lista. Puede ser que esta tarea te confirme que hay personas a quienes queremos, pero quizá mucho más doloroso, será descubrir la existencia de los que no nos quieren.
Estoy seguro que Pedro me añadiría en su lista y yo a él, sin duda.
¡Gracias infinitas Pedro, por todo!

jueves, 22 de octubre de 2009

CADA UNO CONSIGO Y JUNTOS A LA VEZ


Se cuenta que dos amigos atravesaban un bosque cuando apareció un enorme oso. El más rápido de los dos huyó sin preocuparse del otro que, para salvarse, se tiró al suelo simulando estar muerto.
El oso creyéndolo muerto, lo lamió y se fue. Parecía como si le hubiese dicho algo.
-¿Qué te ha dicho? -le preguntó el huidizo.
-Sólo me ha dicho que no me fíe de los “amigos como tú”.
Como viene siendo habitual, me gusta comenzar el tema a exponer poniendo de aperitivo, un cuento relacionado.
El pasado fin de semana como de costumbre celebré mi ritual, un paseo con mi perra por la gran avenida costera que bordea nuestra ciudad de Telde. Al comienzo del trayecto, me tropecé con dos amigas y sus respectivos hijos a golpe de pedal en sus bicicletas. Los niños, estimulados al ver a la perra abandonaron sus pedales y corrieron junto al animal. Éste no paraba de mover el rabo, señal de alegría y de que entre ellos existía una conexión “fuera de lo humano”.
Como el destino nos llevaba en la misma dirección, fuimos a la par, charlando y viendo el juego de los niños. Uno de ellos, al que más respeto le imponía Moli (así se llama mi perra), se agarraba a la pierna de su madre, como si de un bote salvavidas se tratase. Fue entonces cuando se me ocurrió cogerle de la mano y darle las riendas de la perrita. El “temor” desapareció enseguida. “Dicen que los niños tienen el don de saber que seres realmente les quieren, un don que con el tiempo se va perdiendo”.
Mediante la correa que los unía, continuaron caminando cabizbajos, pensativos, “cada uno consigo y juntos a la vez”. Al mirar esa escena, contemplé uno de los pocos momentos en los que la naturaleza se expresa libremente y me pobló el típico pensamiento: “el perro, el mejor amigo del hombre”. En cuestión de segundos esa vivencia hizo que me invadieran miles de pensamientos relacionados con la amistad.
Quizás sea una de las relaciones interpersonales más comunes que la mayoría de las personas tenemos en la vida. Se da en distintas etapas y en diferentes grados de importancia y trascendencia. De la misma manera que existen amistades que nacen a los pocos minutos de relacionarse, hay otras en cambio que tardan años en hacerlo. Esta claro que debido a estos matices, no todos tenemos el mismo concepto de AMISTAD. Para mí, nace cuando dos personas o una y en este caso el perro, encuentran ante todo y sobre todo inquietudes comunes. Con capacidad de cuidarse y cultivarse “activamente” en el transcurso del tiempo, en una serie de virtudes comunes para ambos: sinceridad, franqueza, respeto y generosidad… Entre ellas subrayo una a la que particularmente valoro y doy mucha importancia, que es la ACEPTACIÓN, sin pretender jamás adueñarse de la voluntad del otro. Destaco ésta porque considero que ninguna otra relación, respeta tanto la libertad del otro como LA AMISTAD.
Muchas de las imágenes que durante el paseo se instauraron en mi retina viendo al niño con el perro, fueron la mejor representación de la esencia de la AMISTAD que inmediatamente surgió entre ellos, esa obediencia y quietud a la vez, que es capaz de transmitir en este caso el perro sin necesidad de pedirla, esa complicidad que invita a ver la vida siempre como un juego. La verdadera amistad es desinteresada, pues más consiste en dar que en recibir, lo cual no implica que no sea necesaria una
correspondencia, un afecto y una benevolencia mutuas, como pude presenciar en este paseo. Llevado al plano entre personas, sólo cuando una amistad es de verdad, tiende ésta a hacerse más fuerte, no dejándose corromper por la envidia, no enfriándose por las sospechas, y creciendo en la adversidad. Lo comparo con MI AMIGO EL PERRO porque él es un claro ejemplo al estar siempre predispuesto al reencuentro, acompañándome incondicionalmente en cada uno mis naufragios, aquilatando mi soledad en muchos malos momentos, animándome cuando la angustia me ensombrece invitándome a uno de estos mágicos paseos, regalándome toda su atención y su lealtad.