viernes, 13 de febrero de 2015
martes, 10 de febrero de 2015
ARMONÍA ENTRE PENSAMIENTO Y ACCIÓN
Hace ya algún tiempo que escuché la frase: "Nuestros actos son los que nos definen".
La oí concretamente en una pelicula, hoy no podría decir en cual, pues ya ha llovido lo suficiente como para que las gotas hayan arrastrado el recuerdo de mis neuronas. Lo cierto, es que atravesó con fuerza mi piel por lo que me transmitió en ese momento. Con el paso de los días, profundicé en ella y a partir de ahí, se convirtió en uno de los lemas de mi vida. Me costó tomar conciencia de ella y convertirla en un hábito, pero finalmente ha quedado anclada. Reconociendo que a veces, incumpla con ese ritual.
Tenemos que ser consciente que cada vez que actuamos o decimos algo, estamos generando una impresión en quienes nos escuchan o nos ven. La otra persona en primera intancia se quedará con esa huella, no así con tus pensamientos, ni con el potencial del grandísimo corazón que tenemos. Porque considero que todos lo tenemos. En ese instante, solamente tendrá importancia para el receptor la sintonía entre lo que sientes, piensas y haces.
Ocurre con los sueños, objetivos y anhelos que nos invaden, si no los llevamos a la acción, no nos servirán de nada y seguramente tu emoción será el de una persona de fantásticas intenciones pero de cero hechos.
Es evidente que la vida del ser humano se desarrolla en base a su pensamiento. En funsión a cual sea su línea de razonamiento; armónico, desordenado, rebelde, pacífico, destructivo...así será su relación consigo mismo y posteriormente con los demás.
Si tenemos cuenta que el pensamiento no es otra cosa que información sin sonido, hay que considerar la importancia de la palabra, pues será la manifestación de nuestra reflexión.
El estado idóneo o equilibrado del ser humano se consigue cuando existe armonía entre mente y corazón (pensamiento-corazón), lo cual repercutirá en la relación con nosotros mismos y con los demás, sin dejar lagunas.
La oí concretamente en una pelicula, hoy no podría decir en cual, pues ya ha llovido lo suficiente como para que las gotas hayan arrastrado el recuerdo de mis neuronas. Lo cierto, es que atravesó con fuerza mi piel por lo que me transmitió en ese momento. Con el paso de los días, profundicé en ella y a partir de ahí, se convirtió en uno de los lemas de mi vida. Me costó tomar conciencia de ella y convertirla en un hábito, pero finalmente ha quedado anclada. Reconociendo que a veces, incumpla con ese ritual.
Tenemos que ser consciente que cada vez que actuamos o decimos algo, estamos generando una impresión en quienes nos escuchan o nos ven. La otra persona en primera intancia se quedará con esa huella, no así con tus pensamientos, ni con el potencial del grandísimo corazón que tenemos. Porque considero que todos lo tenemos. En ese instante, solamente tendrá importancia para el receptor la sintonía entre lo que sientes, piensas y haces.
Ocurre con los sueños, objetivos y anhelos que nos invaden, si no los llevamos a la acción, no nos servirán de nada y seguramente tu emoción será el de una persona de fantásticas intenciones pero de cero hechos.
Es evidente que la vida del ser humano se desarrolla en base a su pensamiento. En funsión a cual sea su línea de razonamiento; armónico, desordenado, rebelde, pacífico, destructivo...así será su relación consigo mismo y posteriormente con los demás.
Si tenemos cuenta que el pensamiento no es otra cosa que información sin sonido, hay que considerar la importancia de la palabra, pues será la manifestación de nuestra reflexión.
El estado idóneo o equilibrado del ser humano se consigue cuando existe armonía entre mente y corazón (pensamiento-corazón), lo cual repercutirá en la relación con nosotros mismos y con los demás, sin dejar lagunas.
lunes, 2 de febrero de 2015
MENTE Y CUERPO SON INDIVISIBLES
El pasado día 22 de un frío mes
de enero, Josep Soler impartía una conferencia sobre su libro: “Aventura del
Alma”. El Centro de Psicología Tara Blanca había depositado su confianza en mí
para que organizara junto a mi empresa, el Ayuntamiento de mi ciudad dicha
ponencia.
Una ermita con energía mística
fue el lugar acordado. Josep Soler se había quedado fascinado con los muros que
nos iban a proteger del frío y donde escucharíamos de su garganta, una
experiencia y sabiduría basada en que muchas de las enfermedades provienen de
las emociones.
El evento fue cubierto por los
medios de comunicación y al día siguiente, una vez pude ver la noticia plasmada
en uno de los medios, no pasó en balde un comentario que leí. Alguien había
dejado escrito en la noticia su escepticismo a la medicina oriental, a la
posibilidad de curar un trombo o un trasplante de médula. Esa persona no firmó
con nombre y apellidos. No sé si fue un acto de cobardía, pero suele pasar con
frecuencia que se firme bajo un seudónimo, y eso sí me parece un acto cobarde.
Según la Psicología, la persona que lo hace no pone al descubierto su parecer
por temor a como lo cataloguen los demás. No se planta en una posición porque
no tiene seguridad en sí mismo, pero eso es otro tema…
Sí me pareció una lástima, porque
me hubiese encantado ponerme en contacto con ella y poder exponerle mi visión
sin imponerme a la suya. Todo desde el respeto.
Sin debatir, ni imperar mi forma
de ver la medicina. Utilizo este medio para dar mi visión sobre la medicina
entre Occidente y Oriente.
Para empezar, ambas son ramas
medicinales con diferencias lo suficientemente diversas, tanto en los orígenes
como en las formas que se practican, pero las dos persiguen un mismo bien
común: El sufrimiento del ser humano.
La división que veo entre ambas,
es que la medicina occidental dividió el cuerpo humano en once sistemas
(cardiovascular, gastrointestinal, músculo esquelético, neurohumoral,
inmunitario linfático, genital, urinario, respiratorio, sensorial, metabólico y
endocrino), pero se olvidó del más importante, aquel que une y da vida a todos
esos once sistemas: “El energético”.
Es decir, se olvidó del Qi, la
“energía”, como decimos en Occidente, que es la fuerza vital del organismo y
desde donde nacen todas las cosas. Y para quien no crea en la energía, le diré
que en el cuerpo humano funciona como la electricidad, tocamos el interruptor y
vemos el milagro en la bombilla. No vemos qué ocurre en ese proceso.
La medicina oriental mira al ser
humano como un todo, nada se separa y donde cada cosa está conectada, todo está
interrelacionando: Alimentación, emociones, patógenos externos, vida laboral,
personal, etc.
Por ejemplo, la Medicina
Tradicional China, es una medicina holística ya que entiende que no existen
enfermedades, sino enfermos, tiene en consideración no sólo lo que sucede en el
órgano, sino también lo que sucede en todo el organismo, la manera de
manifestarse, como responde a las influencias externas y a los estímulos del
entorno. La medicina occidental se centra en partes aisladas. No quiero decir
que una sea mejor que la otra, todo lo contrario, ambas deberían ir de la mano
y avanzar juntas. Y conseguir así que el ser humano se libere cuanto antes del
sufrimiento.
Como terapeuta holístico entiendo
la medicina oriental como complementaria, alternativa y preventiva, pero desde
que inicié mi andadura en este maravilloso mundo, todos los maestros que he
tenido, me han enseñado a saber delegar en la Medicina Occidental cuando es
necesario. Con lo cual, no veo ninguna lucha entre ambas medicinas. Más bien un
puente donde cada persona pueda cruzar y probar donde quiere quedarse y volver
si así lo desea. No se trata de separar sino de unir.
Quiero matizar lo aprendido
mientras estudiaba Acupuntura, y lo experimentado con los pacientes. He
comprobado lo que está científicamente probado, la gran conexión que existe
entre la mente y el cuerpo. La incapacidad de canalizar de manera adecuada las
emociones se traduce en enfermedades físicas, a las que no en pocas ocasiones
los médicos no encuentran una sintomatología orgánica que las produzca. A esto
se ha llamado en el argot médico, “somatizar”, que no es otra cosa que la
expresión física del malestar psicológico.
Para cerrar dejo una frase de la
medicina ayurvédica: “Cuando la alimentación es mala, la medicina no funciona;
cuando la alimentación es buena, la medicina no es necesaria”.
miércoles, 28 de enero de 2015
LOS CRUCIGRAMAS DE MI MENTE
Leyendo en las instrucciones de mi mente, a veces, en ocasiones,
mi alma pide soledad; nada más, nada menos. Necesidad de vaciarme de
mundo y de razón, conseguir que mi corazón agote las reservas.
Necesidad de estar solo, de querer orquestar mi movimiento corporal con la sinestesia multifacética de cada expresión de vida que siento.
Necesidad de estar solo, de querer orquestar mi movimiento corporal con la sinestesia multifacética de cada expresión de vida que siento.
Instalarse en el verdadero YO, olvidando todo lo que acontece. Permitir
que sólo el aire que nos rodea nos conecte con lo invisible. Como un
océano de paz que "engolfa" nuestro espíritu pero sin ahogarlo.
Mil gracias a Elena Rodríguez, un ser maravilloso, por pillarme en un momento donde suelo extrapolarme.
Mil gracias a Elena Rodríguez, un ser maravilloso, por pillarme en un momento donde suelo extrapolarme.
viernes, 2 de enero de 2015
sábado, 27 de diciembre de 2014
NAVIDAD...¿COMPULSIVIDAD EN EL ALMA?
Ha vuelto a llegar diciembre, y en su tramo final indica que el año llega a su fin. Se cierra una etapa, un ciclo, dejando atrás nostalgia por los instantes exprimidos y la ilusión por transformar los momentos difíciles. Da paso a unos días llenos de ilusión y esperanza. Perspectiva, para que todo lo que conlleva la llegada de un nuevo año, llene los vacíos y rebose los que ya estaban llenos.
La llegada de los venideros doce meses arrastra una quimera "vendida" por nuestra idiosincrasia para que nuestras vidas cojan un rumbo distinto al presente. Girar el timón hacia un futuro floreciente, a mi entender, depende de nosotros. Tenemos el potencial necesario para cambiar interiormente, y todo cambio, es un proceso de transformación interna que nos permite comenzar a dirigirnos en una nueva dirección, alejándonos de lo que nos perjudica, y acercándonos a lo que nos beneficia y nos produce placer.
Aunque cada año, cada diciembre, la navidad va careciendo de importancia en mi vida, siendo esto algo muy personal, debo reconocer que en estas fechas se genera una energía que hasta para el más escéptico, le hace vivir diferente.
Lo que sí me puede, y reitero, es algo mío, que debo autogestionarme, es esa sensación de falta que palpo, de carencia que tiene el ser humano y que lo lleva a una búqueda sin fin, quizá impulsado por la fuerza del deseo...o del vacío.
Compramos "demasiados demasiados" que no llenan nuestra alma, sino más bien nuestros armarios en un ejercicio de "bulimia consumista insostenible". Y así vamos, saltando de deseo en deseo, de carencia en carencia, buscando lo que los objetos no nos pueden dar: "lo esencial".
Un deseo insaciable movido por la angustia, por la sensación permanente de la falta que parece encontrar refugio más en la intensidad que en la profundidad.
Ya decía Bejamin Franklim: "Si el hombre alcanzara la mitad de los deseos que tiene, redoblaría sus inquietudes".
Espero y deseo que con la llegada de este año nuevo, nos atrevamos a cambiar, o al menos lo intentemos. Proyectando acariciar la orilla de esos anhelos que invaden nuestro día a día.
Y como ejemplo, giro el timón de este escrito y realizo un cambio para aprovechar la ocasión y navegar por el mar del agradecimiento. Dar gracias infinitas a todos los que se paran a leer y quedan empapados por mis pensamientos transformados en letras. En especial, quiero dar las gracias a mi buena amiga Eva Serrano. Sin ella, todo esto que está aquí expuesto no sería posible. Insistió en que este "humilde arroyo" debía nacer. Empecinada en que existía manantial suficiente para humedecer toda la frondosidad de este bosque.
Desearles a todos un Feliz Año Nuevo y que con la llegada de este año 2015 se cumplan los anhelos más profundos.
jueves, 11 de diciembre de 2014
COGER LAS RIENDAS DE TU VIDA
Sumergido en una conversación con una amiga especial, hablo de esta peculiaridad, porque hay amistades que son elegidas por el simple hecho de que son "auténticas". No hay nada que demostrar, nada que cambiar, ni nada que perdonar. Cuando se genera una relación tan especial como esta, no hay hueco para las dudas, los celos, o las comparaciones. Ese es el motivo por el que generalmente tenemos tantos conocidos y tan pocos "elegidos". Amigos adoptados para la confidencia, las risas, los buenos y los malos ratos, y sobre todo, para no tener que dar explicaciones. Ya me lo argumentaron una vez, y hoy intento aplicarlo: "No des explicaciones, tus amigos no las necesitan y tus enemigos no las merecen".
El caso es que durante la charla, hablamos de las personas que son capaces de anular a las otras. Algo de lo que nadie escapa. A veces pasivo, a veces activo. Consciente o inconscientemente.
Desde mi experiencia, lo que pude aportar a esa plática, es lo vivido y lo que considero que me ha ayudado a ver la vida desde otro prisma. Estimo que no te ama quien por quererte cree que le perteneces. Quien intenta paralizarte, anularte y convertirte en un ser insignificante, despreciarte, insultarte o gritarte. Quien intenta borrar tu sonrisa, quien pretende secar tus lágrimas porque les incomoda, a sabiendas, que éstas ayudan a vaciar emociones encapsuladas. Quien intenta prohibirte el entrar y salir, vestir o vivir de la forma que tú has elegido. Quien intenta obligarte a hacer cosas que tú no quieres hacer.
Aunque en el fondo, somos nosotros quienes no nos amamos, cuando dejamos la responsabilidad de nuestras decisiones, de nuestra vida a otro.
Nadie te pertenece. Tú no le perteneces a nadie. Si partimos de esa base, lideramos nuestra vida cuando nos hacemos responsable de ella.
No soy un artista de la reflexión pero me encanta, ni tampoco de las metáforas, pero me atrevo a compartir contigo una que detalla cómo debemos, si queremos coger las riendas de nuestra vida. "Imagina esta, como un viaje por mar. No podré controlar los vientos, ni si me ha tocado vivir en un periodo de tormenta o de calma. Pero si que puedo orientar las velas de mi barco para que me lleven al lugar deseado. Si el viento y las condiciones son propicios, y soy hábil en el manejo de mis velas, seguro que llegaré allí, donde me proponga. Si dejo que sea otro quien maneje mis velas, corro el riesgo de no llegar al lugar que proyecté.
Cuando te decides y te arriesgues a ser dueño de tu propia vida sin delegarla en nadie más que en ti, ocurre que que a pesar por un posible fracaso, el frenesí de lo incierto y las infinitas posibilidades te hacen volar en un mundo lleno de sensaciones poderosas. Eso es vivir, sentir...
Tal como decía Charles Chaplin: " Sé tú, e intenta ser feliz, pero sobre todo, sé tú".
sábado, 25 de octubre de 2014
LA VIDA ES RIESGO
Como cada mes, acudo a "podarme" la cabeza para darle forma a mi pelo y dejar que vuelva a renacer con frescura, como la vida misma, a veces es necesario talar ciertas ramas para poder crecer en vertical sin que el peso de los viejos brotes no nos permitan elevar nuestra vida.
El caso, es que mientras el sonido de las tijeras castañeaba por mis oídos, mi amiga de profesión peluquera, y yo, entablábamos una conversación. Me preguntaba acerca de la simbología del tatuaje que asomaba por mi nuca y la razón por la cual me había empapado de tinta la piel. Le expliqué que era algo muy personal y sin revelerale el por qué dejé que una aguja atrevesara mi dermis, argumenté con mucho cariño, que era algo muy significativo y quería que me "escoltara" en este vagar mío. Sobre la marcha le pregunté si a ella no le acompañaba ninguno, a lo que me contestó: "Claro que sí, quise correr ese riesgo".
Mientras seguía con su buena labor, me quedé triturando aquellas palabras. Interpreté lo que muchas veces anida en mi cabeza: "la vida es riesgo", siempre avalado por la frase de Paulo Coelho: "Cuando alguien desea algo debe saber que corre riesgos, por eso la vida vale la pena".
En este redondo mundo hay muchas personas que se quedan a ver pasar las horas, los minutos y los segundos...contemplando como el tiempo se evapora, paralizados por el miedo, aún viendo que hay otras personas, de las que sí vale la pena seguir su ejemplo, personas que arriesgan todo, aún cuando saben las pocas posibilidades que tienen para conseguir su objetivo.
Personalmente, admiro sin grandes dosis de idolatrías las vidas de Gandhi, gran teórico que modificó la configuración política e ideológica de la India, un país en que la política era sinónimo de corrupción. O Mandela, primer presidente de color de Sudáfrica, que tras una larga lucha y 27 años de cárcel, presidió el primer gobierno que ponía fin al régimen racista.
La vida es una camino el cual la mayor parte del tiempo solemos recorrer entre el dolor y la felicidad.Vivimos nuestro día a día entre miedos, evitando riesgos y debatiéndonos en las dudas de si asumirlos o no, y me resulta contradicctorio, porque a mi edad y experiencia, he llegado a la conclusión de que el miedo más grande de las personas es el "miedo a la felicidad".
Nadie se escapa sin ser herido de guerra en el alma, ¿y quién generó esas mismas heridas? La misma felicidad.
Tendemos a protegernos para que nos nos vuelvan a herir, evitando el sufrimiento. Sin embargo hasta que no consigamos aceptar que en la vida tarde o temprano, nos encontraremos de cara con el dolor, y es desde ahí donde uno aprende y endurece el alma, no aprenderemos a ser felices.
Antes creía que la vida podía doler menos si intentaba vivirla a medias y a medida que voy viviéndola, me voy dando cuenta de cómo es ésta en realidad. Hoy creo que la vida vale demasiado para no intentar vivirla completa, con cada uno de sus momentos, con toda su intensidad. Así que, como dice la frase: "El día que muera sabré que he vivido".
El caso, es que mientras el sonido de las tijeras castañeaba por mis oídos, mi amiga de profesión peluquera, y yo, entablábamos una conversación. Me preguntaba acerca de la simbología del tatuaje que asomaba por mi nuca y la razón por la cual me había empapado de tinta la piel. Le expliqué que era algo muy personal y sin revelerale el por qué dejé que una aguja atrevesara mi dermis, argumenté con mucho cariño, que era algo muy significativo y quería que me "escoltara" en este vagar mío. Sobre la marcha le pregunté si a ella no le acompañaba ninguno, a lo que me contestó: "Claro que sí, quise correr ese riesgo".
Mientras seguía con su buena labor, me quedé triturando aquellas palabras. Interpreté lo que muchas veces anida en mi cabeza: "la vida es riesgo", siempre avalado por la frase de Paulo Coelho: "Cuando alguien desea algo debe saber que corre riesgos, por eso la vida vale la pena".
En este redondo mundo hay muchas personas que se quedan a ver pasar las horas, los minutos y los segundos...contemplando como el tiempo se evapora, paralizados por el miedo, aún viendo que hay otras personas, de las que sí vale la pena seguir su ejemplo, personas que arriesgan todo, aún cuando saben las pocas posibilidades que tienen para conseguir su objetivo.
Personalmente, admiro sin grandes dosis de idolatrías las vidas de Gandhi, gran teórico que modificó la configuración política e ideológica de la India, un país en que la política era sinónimo de corrupción. O Mandela, primer presidente de color de Sudáfrica, que tras una larga lucha y 27 años de cárcel, presidió el primer gobierno que ponía fin al régimen racista.
La vida es una camino el cual la mayor parte del tiempo solemos recorrer entre el dolor y la felicidad.Vivimos nuestro día a día entre miedos, evitando riesgos y debatiéndonos en las dudas de si asumirlos o no, y me resulta contradicctorio, porque a mi edad y experiencia, he llegado a la conclusión de que el miedo más grande de las personas es el "miedo a la felicidad".
Nadie se escapa sin ser herido de guerra en el alma, ¿y quién generó esas mismas heridas? La misma felicidad.
Tendemos a protegernos para que nos nos vuelvan a herir, evitando el sufrimiento. Sin embargo hasta que no consigamos aceptar que en la vida tarde o temprano, nos encontraremos de cara con el dolor, y es desde ahí donde uno aprende y endurece el alma, no aprenderemos a ser felices.
Antes creía que la vida podía doler menos si intentaba vivirla a medias y a medida que voy viviéndola, me voy dando cuenta de cómo es ésta en realidad. Hoy creo que la vida vale demasiado para no intentar vivirla completa, con cada uno de sus momentos, con toda su intensidad. Así que, como dice la frase: "El día que muera sabré que he vivido".
martes, 22 de julio de 2014
RESPETARSE
No hace mucho, tuve que sentarme
para buscar una solución en el ámbito laboral con la persona que, por
jerarquía, correspondía. A veces llegar a poner
tus puntos en paralelo con los del otro, es tarea ardua, llegando
incluso a generar un gasto de energía. Sin darte cuenta, sucede que se origina
un salto de esfera y llegas a tocar el campo de lo personal. Debo confesar que
en ese medio, soy muy celoso de mi intimidad y aunque me desnude escribiendo de
piel adentro, hay límites que sólo yo sé a quién dejo rebasar.
Ese día sentí que sin permiso
entraron en las madrigueras de mis entrañas, y si algo he aprendido en este
vagar mío es a respetarme.
De pequeños nos transmiten la
importancia de tratar con respeto a las demás personas y a nuestro entorno.
“Desgraciadamente”, el cultivo del
auto-respeto no ha recibido tanta atención.
Entiendo desde mi
experiencia, que respetarse es
atender, satisfacer las propias necesidades y valores, expresando, manejando
de forma conveniente los sentimientos, las emociones sin dañarse, y mucho menos,
sintiendo culpa. Aunque esta habilidad resulta básica para nuestro bienestar,
nuestra paz interior, a menudo vivimos dándole la espalda.
Muchos guían
su conducta según lo que los demás esperan, sin pararse a pensar en lo que
realmente uno necesita. Este repetido patrón hace que a menudo tropiece con
personas que han tomado decisiones vitales teniendo en cuenta sólo lo externo.
Acallan lo que llevan dentro para satisfacer la vida de los demás. Títeres,
marionetas, en manos de otros. En este preciso instante recuerdo la metáfora
del enchufe y la bombilla: “cuando actuamos en consonancia con lo que realmente
somos, brillamos como si fuésemos una bombilla conectada a la red eléctrica.
Sin embargo, cuando nos dejamos de escuchar y vivimos nuestra vida, sólo
teniendo en cuenta el exterior, esta conexión se rompe, al igual que la
bombilla, poco a poco nos vamos apagando y nuestra energía disminuye.
El
auto-respeto no es algo que se tiene o no se tiene, se trabaja, se gana con las
experiencias que atravesamos a lo largo de nuestra vida. Respetarse es, en
definitiva, darse la oportunidad de ser feliz. Es tomar las riendas de la
propia existencia y bregar día a día para mantenerse conectado con lo que
uno realmente es, pese al incesante ruido externo.
Giro las
bisagras de este cuaderno logrando cerrar una página más de este libro sin
tapas con una frase de Mahatma Gandhi:
“No pueden quitarnos nuestro auto-respeto, si no se lo damos.”
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