
Una vez empezamos a descender, comenzamos a sentir miedo, ahogo, inseguridad… Comenzamos a advertir inestabilidad, agobio…temor a caer al precipicio, derrumbarnos hacia el vacío… (curioso, cuanto más cerca nos sentimos del suelo, menos estabilidad).
Es ahí, cuando nos damos cuenta del fino hilo que separa ambas emociones.
Lo mejor, desde mi modesta opinión, es que tanto en la cúspide como en la “falda”, “pactemos” con nuestro ego y recordemos a aquellos que siempre están a nuestro lado.