…siempre abrazada a diciembre, mes que mientras “no cambiemos el calendario”, será el que indique que el año llega a su fin. Cierra una etapa, un ciclo, dejando atrás nostalgia por los buenos instantes exprimidos y la ilusión por transformar los momentos difíciles. Da paso a unos días llenos de ilusión y esperanza. Esperanza, para que todo lo que conlleva la llegada de un nuevo año, llene los vacíos y “rebose” los que ya estaban llenos.
Las noches, “dejan de ser noches”, se iluminan por miles de bombillas, escaparates alumbrados, el humo de las castañas asadas y sobre todo, lo que realmente da VIDA a estas fechas, los niños, hasta altas horas de la madrugada jugando con los estallidos de los petardos, consiguiendo que respiremos un olor típico en estas fechas. Mientras inhalamos esa “fragancia” a dinamita quemada, nos invade el optimismo por el cambio, y no sólo de un nuevo año que empieza a asomarse. La ilusión por una “permuta” trae consigo, hasta para los escépticos, la credibilidad de que todo será especial, deseable y sobre todo “diferente”.
La llegada de los venideros doce meses arrastra una quimera “vendida” por nuestra idiosincrasia para que nuestras vidas cojan un rumbo distinto al presente. Girar el timón hacia un futuro floreciente, a mí entender, depende de nosotros. Tenemos el potencial necesario para cambiar interiormente y todo cambio, es un proceso de transformación interna que nos permite comenzar a dirigirnos en una nueva dirección, alejándonos de lo que nos desagrada y perjudica, y acercándonos hacia lo que nos beneficia y produce placer. Ocurre, que tememos al cambio por no saber actuar. A razón de que lo nuevo no es algo definido. Una forma de defenderse de lo desconocido es agarrarse a lo conocido y, consecuentemente, negamos lo nuevo. Espero y deseo que con la llegada de este “nuevo año” nos atrevamos a cambiar, o al menos INTENTARLO. Intentar acariciar la orilla de esos anhelos que invaden nuestro día a día.
Y como ejemplo, giro el timón de este escrito y realizo un “cambio” para aprovechar la ocasión y navegar por el “mar” del agradecimiento. Quiero dar las gracias a todos los que me leen, dejan su comentario y a los que se quedan empapados por mis pensamientos transformados en letras. A los que han puesto “cara” atreviéndose a ser seguidores de los pasos del agua que emana este arroyo. Y sobre todo, a mi BUENA amiga Nuke. Sin ella todo lo que aquí está expuesto no sería posible. Insistía en que este “humilde arroyo” debía nacer. Que había manantial suficiente para humedecer toda la frondosidad de este bosque.
Desearles a todos una FELIZ NAVIDAD y que la llegada de este año 2010 cumpla los anhelos más profundos.